Sin embargo, en diciembre 08, durante el Festival de la Digna Rabia, en el Caracol de Oventik, los compas zapatistas manifestaron su interés, con cierta sorna claro, acerca de tan notable tema nacional. "Las elecciones", así lo hicieron saber, "son el trámite más inútil". Me uno a esta consideración, no sólo por estar de acuerdo, sino porque en los hechos, las elecciones como un proceso democrático, han ido perdiendo credibilidad, en la medida en la que han servido para empoderar a una "nueva" clase política que ha demostrado que su interés primigenio es el de la rapaz acumulación de capital para sí misma y de crear figuras públicas, que tienen como único objetivo pertenecer al reducido círculo de los "intocables".
Todo lo anterior lo menciono porque ya ha empezado la carrera electoral, nos tenemos que merendar y, si te levantas antes de las 5 am, también desayunar todos los anuncios de partidos, que utilizan los recursos más bajos para llegar al gusto de la gente (nótese que escribí gusto); planteando los argumentos más descabellados ante discusiones que, la gran mayoría de las veces, están mal planteadas y apelan al desencanto e ignorancia de la gente para ganar votos.
En ese sentido, he estado divagando por viejas lecturas -viejas porque hace tiempo que las leí, pero aún vigentes- como "Ensayo sobre la lúcidez" del Maestro Saramago; precisamente describe el proceso de desencanto al que se enfrenta la sociedad ante la clase política, ante los procesos democráticos, ante la falta de sensibilidad y la sobrada impunidad de quienes toman las decisiones, de los de arriba.
A continuación reproduzco un texto que el mismo Saramago publicó el 02 de marzo del presente en su blog, sobra decir que es muy interesante, pero sobre todo descriptivo en cuanto a esta crisis de credibilidad que, dicho sea de paso, es también global.
Elecciones
By José Saramago
Como siempre, unos ganaron, otros perdieron. Estas campañas electorales son monótonas, reiterativas y, tal vez su pecado mayor, previsibles. Lo son aquí y en todas partes. Contados los votos, unos ríen, otros lloran. Los triunfadores son generosos, agradecen a todo el mundo, los derrotados también, aunque el dolor les frene la efusión retórica. No le agradecen a Deus porque dejó de usarse, pero le besarán la mano al obispo en la primera ocasión. En cuanto a los electores, esos ya van dándole poca importancia a las promesas. Queda todo para la campaña siguiente, cuando se airee nuevamente la bandera y, cada vez con menos ánimo, se intente renovar la esperanza. Así vamos andando y, a partir de ahora, a la espera do Godot, es decir, de Obama. Vamos a ver cuanto tiempo dura la botella de oxígeno.

